Las historias de Zenon

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    © Jose Luis Jimenez, Getafe 2006
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¡Tengo niños baratos, oiga!

Posted by Jose Luis en 11 agosto 2006

Algo parecido al título de esta anotación es lo que podriamos llegar a encontrarnos si se pusieran en práctica las ideas que Albert Esplugas despliega en el artículo Sobre la adopción.

El señor Albert Esplugas hace un análisis del derecho a ceder la tutela de un niño a partir de unos planteamientos liberales y llega a la conclusión que lo mejor para los niños es que sus tutores (esto es los padres en la mayor parte de los casos) puedan ceder la tutela de sus hijos (es decir permitir que otros los adopten) a quien ellos elijan y puedan recibir a cambio una cantidad de dinero a cambio de entregarles su creación (esto es su hijo).

Naturalmente impone ciertas limitaciones a los derechos que los padres tenemos sobre nuestros hijos, y deja claro que no pueden ser agredidos físicamente o que deben ser alimentados por sus tutores, pero a cambio, y mientras sean menores de edad pueden ser vendidos a otras personas que, a su vez, podrían revenderlos estableciendose así un mercado en el que la mercancía es un ser humano.

Leyendo el artículo de Albert Esplugas a uno le entran serias dudas si realmente está hablando de niños o simplemente de muñecos, ya que los compara con objetos sobre los que sí existe el derecho de posesión, y por tanto de compra/venta. Así no tiene ningún problema en comparar un niño abandonado con un objeto que cualquiera se puede encontrar y por tanto apropiar de él. Es decir un reloj abandonado en la calle es del primero que lo recoje, y por tanto un niño abandonado es del primero que lo encuentra y se lo quiere quedar, aunque solo sea para venderlo a otros.

Pongamonos en el caso de unos padres sin recursos económicos que se encuentran con la llegada de un hijo. Actualmente estos padres tienen la opción de entregar su hijo al estado para que este le busque acomodo en otra familia siguiendo ciertos criterios que en teoría deberían redundar en el beneficio del menor.
También podrían venderlo al mejor postor, pero esto es una actividad ilegal y se arriesgarían a una pena de cárcel si son descubiertos. Aun así algunos de estos padres, tal vez empujados por la necesidad, o por la ambición, acaban vulnerando la ley y terminan por entregar a su hijo a cambio de una suma de dinero. Si esta actividad fuera legal serían muchos más los que acabarían por vender a su hijo y en ese caso, ¿qué seguridad tendriamos que el criterio para elegir a los adoptantes no fuera exclusivamente el económico? ¿cómo podría esto ir en beneficio del niño? ¿quién garantiza que los compradores son realmente una pareja que desea tener un hijo y no los miembros de una multinacional que se dedique a la compra-venta de menores? realmente los únicos beneficiados de todo esto serían sus padres biológicos y los especuladores que tendrían un nuevo mercado abierto para explotar.

Supongamos que una mujer acaba de dar a luz un niño que no puede mantener y decide cederlo en adopción. Un día le llega un señor muy bien vestido que le pone sobre la mesa un cheque con una cantidad que a la mujer le soluciona la vida durante bastante tiempo, aunque para el comprador sea una cantidad ínfima (recordemos que mientras en el primer mundo 1000 € no suponen mucho esa cantidad en ciertos paises del tercer mundo es casi una fortuna). Este individuo adopta al niño a cambio de esa cantidad de dinero sin embargo lo hace como un intermediario que busca sacar un beneficio revendiendolo. Si el niño finaliza su periplo comercial en el seno de una familia que realmente quería un niño, tal vez para él tenga la historia un final feliz (con independencia de todos los que se hayan beneficiado a su costa), pero si esto no ocurre, y todos sabemos que en las operaciones de compra/venta a veces el intermediario se queda con un excedente que no puede colocar en el mercado, puede ocurrir que el niño pase de un tutor a otro sin conseguir una familia en todo el proceso. Ese niño acabará formando parte del stock del intermediario, que puede ser simplemente uno de los muchos representantes de una gran empresa que se dedica a este mercadeo. Tal vez en alguna de las ofertas que saquen para rebajar este stock consiga que una familia menos pudiente quiera comprarle o tal vez ni siquiera consiga eso y siga hasta su mayoría en el almacen que puede estar localizado en paises del tercer mundo para minimizar los costes de su mantenimiento y donde las leyes de protección de menores pueden ser más “relajadas”. Es posible que a partir de cierto momento, de cierta edad, ni siquiera aparezcan en las ofertas y por tanto se les habrá eliminado la posibilidad de ser adoptados por una familia final y ni siquiera podrán ser entregados a organizaciones altruistas que se dediquen a la adopción sin que intervengan criterios económicos donde tal vez podrían tener una oportunidad, ya que el liberar ese “excedente” podría repercutir negativamente en el mercado (la Unión Europea ha destruido en muchas ocasiones excedentes alimentarios en lugar de entregarlos a paises donde el hambre está instalada, ya que ese donativo bajaría el precio de ese producto y podría provocar una crisis mercantil).

Algunos dirán que actualmente esto ya ocurre en muchos orfanatos, donde muchos niños, según se van haciendo mayores pierden las esperanzas de ser adoptados, pero al menos, en la actualidad, los criterios para buscar una familia a un niño son, en principio, criterios mucho más humanos (en el sentido de humanista) que la fría transacción económica.

Cuando los tutores de un niño se pueden beneficiar de la cesión de sus derechos está claro que se pierden todas las garantías que esta cesión se haga para mejorar la vida de ese menor, sólo un tercero, un organismo dependiente del estado, que tenga controladas todas sus actuaciones, puede llegar a garantizar realmente que esa cesión se haga buscando el beneficio del menor, y aun en esas circunstancias seguimos sin tener todas las garantías de que esto se haga así siempre.

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